Esa vez que decidí mudarme a Nicaragua

como hacer caso a tu intuicion

Hace unos meses un presentimiento en el estómago puso en mi mente la idea de marcharme. No tenía claro el lugar, ni tampoco tenía muy claro el motivo, sólo sabía que tenía que viajar.

Era finales de noviembre, mi razón me decía que debía de seguir con la vida que tenía, pero, mi intuición insistía, tenía que hacer las maletas.

Pero… ¿Por qué?

Aparentemente tenía todo lo que una chica de mi edad querría: amor, salud, trabajo, dinero… El año anterior había sido fabuloso, había conseguido todos los objetivos que me había propuesto y, además, iba hacer un increíble viaje por Senegal.

Así que… Lo sé, no debía quejarme, pero… ¿Eso era todo? ¿Ya está? ¿Qué era lo siguiente? ¿Casarme y tener hijos?

Yo quería (y quiero) pedirle más a la vida, quería vivir más aventuras, quería recorrer el mundo, quería descubrirme, ser más feliz, llegar a ser una viejecita muy sabía.

Y, en la situación que me encontraba, parecería que ya había llegado a mi techo, que ya estaba, que no podía decir ni pedir más.

Pero la vida te habla, es muy sabia y te manda señales.

Unos meses más tarde, en enero, como por arte de magia, el destino me llevó hasta un amigo que se encontraba en la misma ciudad que yo, una ciudad que llevaba meses sin pisar y un amigo que llevaba meses sin ver… ¿Casualidad?

Ese amigo me habló de un increíble proyecto en Nicaragua en el que podía participar, en el que se podían hacer muchas cosas, pero, sobretodo, me permitía descubrir un nuevo lugar.

Y me pregunté: ¿Es eso lo que busco?

Mi razón, desde el miedo, me decía que no: ¿Cómo te vas a ir? ¿Cómo vas a dejar todo y te vas a marchar unos meses a otro continente después de todo el trabajo y esfuerzo que te ha costado conseguir la vida que tienes?

Pero mi corazón le respondía… ¿En serio? ¿Cómo vas a dejar escapar la oportunidad de vivir esta gran aventura en el mejor momento posible?

Entonces, por primer vez en muchos años, decidí darme permiso para contestar sinceramente a la famosa pregunta:

¿Qué harías con tu vida si no tuvieras miedo?

Lo pensé, requetepensé y sólo tenía una respuesta: marcharme.

El dolor de no realizar esta aventura era mucho mayor que el de quedarme haciendo lo mismo.

Así que compré los billetes, sin más, ya estaba, decidido, no había marcha atrás. Podía haber sido Perú, Japón o la India, pero no, ha sido Nicaragua.

Lo más curioso es que, justo compré el billete para el 9 de marzo, justo el lunes de la semana que estalló toda la odisea del Coronavirus y justo he podido llegar hasta aquí.

Si hubiera comprado el billete un día más tarde, no me hubiera dejado viajar y no hubiera llegado a este bello país.

A veces nos empañamos en controlar nuestro entorno, las circunstancias, lo que va ocurrir, pero la vida te va poniendo en el lugar que te corresponde y sólo puedes abrazarla.

Si me hubieran dicho hace sólo 3 meses que iba a estar escribiendo estas líneas desde un restaurante italiano de Matagalpa, hubiera pensado que era una broma, pero aquí estoy…

¿Qué haré después? ¡Ni idea!

Sólo puedo decirte que, si estás leyendo estas líneas, es que tal vez tu interior te esté hablando y por eso te ha llevado hasta mi blog.

Comienza a leer las señales y, sobretodo, comienza a escuchar tu corazón. Él es sabio y sabe lo que realmente quieres, sólo necesitas ser valiente.

Un abrazo muy fuerte,

Raquel

by raquel

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